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“Calato” alterna con “desnudo” en el habla de los peruanos. Referido a una persona, es que carece de lo necesario para vivir o que ha sido despojada de lo que poseía. Decimos “es un calato” o “lo dejaron calato”. Un niño pequeño también es un “calato”: ¡Cuántos calatos tienes¡  “Calato” también indica sorpresa, especialmente en  “ver al diablo calato”, frase más que centenaria.

Debemos al poeta arequipeño Percy Gibson (1908-1969)  el dicho “No es la mismo un griego desnudo que un peruano calato”.  Calato es voz popular que con bastante probabilidad viene del quechua q’ala, que significa “en cueros”, “desnudo”. En Arequipa, ahora mismo se dice “pata q’ala” al que camina descalzo y, por extensión, al que es muy pobre. “Calato” no viene solo en nuestro léxico. Una “calateada” es un desnudamiento de una o varias personas, y “calateo” es una “calateada”.

“Calatear a alguien” es quitarle la vestimenta, o, también, de modo metafórico, robar, despojar a una persona de algo, de casi todo lo que tiene;  “calatería” es desnudez, pero también conjunto de personas que van con poca ropa.  Y “calatista” es una mujer que en un escenario se quita la ropa poco a poco a veces hasta quedar en cueros. Y “calatario” es el escenario donde actúan las “calatistas”. Aunque se escucha menos, todavía hay gente que, como eufemismo de “calato”, usa

“Calatayud”, el apellido de un célebre futbolista y de un caudillo peruano del siglo XVIII. (Marco Martos).

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