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´Ubicar´, del latín ubi, es  voz americana de uso  amplio  en el Perú cuya primera acepción es situar o instalar algo  en determinado espacio o lugar: “la casa del alcalde se ubica frente a la plaza.” Tiene también el sentido de encontrar lo que se busca: “la ubiqué en la guía telefónica”.”La perforadora logró ubicar a los mineros desaparecidos en Chile”. También la decimos para colocar a alguien en un empleo, cargo o posición: “Ramón Castilla ubicó al orífice como empleado de aduanas”. “El líder ubicó a su antiguo antagonista en el segundo lugar de la lista parlamentaria”. Es también reconocer a una persona: “En mi memoria no ubico a la nadadora de la que me hablas”. Sabido es que los peruanos nos juzgamos con frecuencia como desubicados, despistados, fuera de lugar. En la lengua oral hay frases  que señalan la situación: “Estar como Adán en  el día de la madre”, o “como huevo en cebiche” o “como cuy en tómbola”. El lenguaje popular, en permanente ebullición, ha creado por contraste  la célebre ´ubicaína´, una supuesta pócima medicinal que ayuda a las personas a guiarse por el principio de la realidad, dejando de lado las fantasías. Esta voz tiene un éxito rotundo y pertenece ya al habla espontánea culta: “Marina Mora pidió para Manco una dosis de  ubicaína´”. “Si tuviese ´ubicaína´ el presidente de la federación de bochas hubiese renunciado hace varios meses.”  “Casi nadie puede dudar de que ´ubicaína´ es lo que le falta a la mayoría de candidatos para alcalde”. (Marco Martos).

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