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El poeta Gonzalo Rose usó la voz “zampado” y sus variantes en su texto “A la orden”: “Zampado el aire. El agua / ya zampada. Y en el palacio / alguien se ha zampado. // Aquí se zampan desde antiguo. / El Inka se zampó sobre los valles / defendidos apenas por el humo. …// Y así de zampadera en zampadera / fuimos de siglo en siglo,/ de aldea en aldea, / de festejo en festejo:/ ¿quién no se zampa a una fiesta un sábado?”.

“Zampado” en el Perú tiene la acepción de “borracho”.  “Zampadera” es una entrada masiva de gente a un sitio sin tener permiso. Ambas voces se mezclan en el texto de Rose. Hubo un personaje de tira cómica en los años sesenta del pasado siglo llamado “Sampietri” que era un fino embaucador. Algunos  escriben “Zampietri” para advertirnos que alguien está con una curda, es decir “zampado”. “Zampón” lo usamos tanto en Perú como en Honduras para señalar  a una persona que se introduce a algún lugar sin permiso ni invitación. En Nicaragua, Honduras y Costa Rica, un “zampado” es alguien metido en un lugar por mucho tiempo.

“Zampado” tiene entraña popular entre nosotros; toda la constelación de palabras a su alrededor no suele usarse en el lenguaje formalizado de los discursos o de artículos científicos, pero sí en el habla relajada de distintos grupos sociales. Leído en un bar: “Aquí no se zampa nadie. La casa da el permiso”. (Marco Martos).

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